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Carolina Vásquez Araya
Carolina Vásquez Araya

Periodista y editora con más de 30 años de experiencia.Ha aportado sus conocimientos en proyectos de organizaciones con intereses orientados al desarrollo social, cultural y económico del país, con especial énfasis en el sector de cultura y educación, emprendimiento, derechos humanos, justicia, ambiente, mujeres y niñez.Es columnista del periódico guatemalteco Prensa Libre.

71 Notas publicadas

Notas recientes

No es un regreso a los años 70. En realidad, nunca fueron plenamente superados.

Solo se puede mejorar la imagen gubernamental tomando las decisiones correctas.

Los recursos de un país pertenecen a su gente, ese axioma no aplica cuando está administrado bajo un sistema lleno de resquicios legales por donde se cuelan las malversaciones, las concesiones arbitrarias y los contratos oscuros
El privilegio de vivir no es gratuito, estamos encadenados a un sistema y ese sistema está integrado por otros como nosotros, con sueños similares y similares formas de concretarlos. Esa es una razón poderosa para unir esfuerzos y visión de futuro; para derribar los muros que nos separan.
El verbo es poderoso y también lo es la moralina cruel de sociedades marcadas por el desprecio contra quienes viven una realidad de pobreza, exclusión y racismo. Las palabras impresas o emanadas a partir de la propia idea de una verdad supuesta, resultan altamente inflamables en un contexto de estereotipos arrastrados durante generaciones y cuya persistencia es considerada una forma de cultura
Lo que no han logrado entender los políticos en funciones es que nada puede reparar el daño de una mala gestión gubernamental más que acciones puntuales para retomar el rumbo perdido, si es que alguna vez hubo un rumbo correcto.
Escuchar el discurso hegemónico de las clases dominantes (perdón por el cliché) nos traslada a otro país, un país en donde el indigenismo es una amenaza contra el desarrollo económico, un país en donde los derechos de propiedad son superiores al derecho a la vida, un país en donde, finalmente, poseer equivale a ser.
En qué momento de la historia se produjo la marginación de la mujer resulta difícil de determinar, en parte porque el relato del pasado está ya teñido con una visión patriarcal.
Los muros elevados por las clases política y económica para impedir el acceso a la educación a grandes sectores de la ciudadanía han tenido, entre otras de sus variadas consecuencias, una migración de la juventud marginada hacia actividades delictivas, la huida de miles de jóvenes hacia otros países en busca de oportunidades y, sobre todo, una creciente ruptura del tejido social.
El planeta sufre un deterioro amplificado por nuestra dejadez.